lunes, 21 de noviembre de 2011

MISA TRIDENTINA - PADRENUESTRO Y COMUNIÓN


J)  PADRENUESTRO Y COMUNIÓN

42 - Puesto de nuevo en pie y teniendo las manos extendidas y apoyadas sobre los corporales dice el celebrante (en voz alta) Per omnia saecula saeculorum.
Una vez que el ministro (o los fieles) hayan respondido Amén el celebrante, juntando las manos ante el pecho e inclinando la cabeza, dice (en voz alta) Oremus.



Después prosigue (con las manos juntas ante el pecho y en voz alta) Praeceptis salutaribus moniti etc.


Cuando empieza a recitar el Pater noster extiende las manos ante el pecho y así las mantiene durante toda la oración, teniendo además los ojos fijos en el Sacramento hasta el final de la misma. Cuando el ministro (o los fieles) respondan Sed liberanos a malo el celebrante contesta (en voz baja) Amén y puesta la mano izquierda sobre los corporales, con la derecha (sin separar el índice del pulgar) toma el purificador, tira la patena de debajo de los corporales y la limpia suavemente con el purificador (usando para ello sólo la mano derecha, la izquierda permanece sobre los corporales). Acto seguido deja el purificador sobre el altar, del lado de la Epístola no muy lejos de los corporales y toma la patena entre el índice y el dedo de en medio, manteniéndola de canto sobre el altar (fuera de los corporales) con la parte cóncava mirando hacia los corporales.


Comienza entonces a decir (en voz baja) Líbera nos quaesumus, etc. Cuando llega a las palabras da propitius pacem se santigua con la patena del modo siguiente : la mano izquierda la apoya sobre la cintura (cuidando de no tocarse la casulla con los dedos índice y pulgar), y sosteniendo la patena con la derecha, se toca con ella la frente diciendo da propitius, el pecho diciendo pacem, el hombro izquierdo diciendo in diebus, el hombro derecho diciendo nostris. A continuación besa la patena en el borde superior (por la parte cóncava) y prosiguiendo en voz baja ut ope misericordiae tuae, etc. desliza la patena por debajo de la Hostia, ayudándose para ello del índice de la mano izquierda[1]42.


43 -     Una vez que terminó de recitar la oración que acompaña la acción precedente, el celebrante descubre el cáliz, hace genuflexión y toma la Hostia (que ya reposa sobre la patena) de la siguiente manera: con el índice izquierdo la hace deslizarse hacia el borde superior de la patena hasta que sobresalga un poco de esta, entonces la toma por la parte que sobresale con la mano derecha (entre el índice y el pulgar), la levanta y la lleva hasta encima del cáliz, donde la toma también con la mano izquierda (sólo los dedos índice y pulgar). Sosteniéndola así, con ambas manos sobre la copa del cáliz, la va partiendo por el medio, en línea recta, mientras dice (en voz baja): Per eundem Dominum nostrum Jesum Christum .


A continuación pone sobre la patena la mitad de la Hostia que tiene entre el pulgar y el índice de la mano derecha, y rompiendo, también con la mano derecha[2]43, una partecita de la parte inferior de la otra mitad que le queda en la izquierda, prosigue (en voz baja) qui tecum vivit et regnat. Al decir in unitate Spiritus Sancti Deus pone la mitad que tiene en la izquierda sobre la patena, al lado de la otra mitad (de manera que se “recomponga” la forma circular de la Hostia). Una vez que ha dejado la mitad izquierda de la Hostia sobre la patena pondrá la mano izquierda en el nudo del cáliz y, conservando siempre la mano derecha (que sostiene la partícula consagrada) sobre la boca del cáliz, dirá (en voz alta) Per omnia saecula saeculorum.


            Respondido Amén (por el ministro o los fieles) el celebrante hará con la partícula que sostiene en la derecha tres cruces sobre la boca del cáliz, de labio a labio, sin tocarlos ni sobrepasarlos y moviendo para ello toda la mano (no sólo los dedos), diciendo al mismo tiempo (en voz alta) Pax + Domini sit sem+per vobis+cum.


            Una vez que el ministro (o los fieles) hayan respondido et cum spiritu tuo el celebrante deja caer dentro del cáliz la partícula que sostenía sobre él con la mano derecha, diciendo al mismo tiempo (en voz baja) Haec commixtio etc. Después se purifica los dedos de ambas manos, frotándose un poco los índices y los pulgares sobre la copa del cáliz, cubriéndolo a continuación con la hijuela, haciendo luego genuflexión con la derecha (las manos separadas y apoyadas sobre los corporales).


44 - Hecha la genuflexión y tras incorporarse de nuevo, el celebrante junta las manos ante el pecho (sin apoyarlas sobre el altar) e inclinándose medianamente comienza a decir (en voz alta) Agnus Dei qui tollis peccata mundi en este momento pone la mano izquierda sobre el corporal y con la[3].





45 - A continuación el celebrante (que permanece medianamente inclinado) junta las manos y las apoya sobre el borde del altar. En esta posición, con los ojos fijos en el Sacramento, recita (en voz baja) las tres oraciones preparatorias a la comunión.





            Terminadas estas se pone derecho y a continuación hace genuflexión (con las manos separadas apoyadas sobre los corporales). Habiéndose levantado dice (en voz baja) panem caelestem etc. Dicho lo cual toma reverentemente con la derecha las dos partes de la Hostia que estaban sobre la patena, para lo cual con el índice de la izquierda apoyado en medio de las dos mitades las hará deslizarse hasta el borde superior de la patena, una vez que sobrepasen dicho borde las tomará por ahí con la derecha (índice y pulgar), levantándolas de la patena. Entonces las toma juntas por la parte inferior con la izquierda, manteniéndolas derechas, un poco elevadas por encima del corporal y conservando la forma redonda de la Hostia.


            Tomará entonces la patena con la derecha y la pone entre el índice y el dedo de en medio de la izquierda, por debajo de la Hostia. Se inclina medianamente y se da tres golpes de pecho, con la mano derecha, diciendo tres veces (en voz mediana) Domine non sum dignus y prosiguiendo cada vez en voz baja ut intres sub tectum etc. Después de cada golpe de pecho retira la mano derecha pero no la apoya sobre los corporales.


            Habiendo terminado el tercer Domine non sum dignus el celebrante se endereza, toma con la mano derecha por la parte de arriba la mitad de la Hostia a la que arrancó la partícula y la pone encima de la otra mitad; a continuación toma por la parte de abajo, con la mano derecha, las dos mitades reunidas (sin conservar la forma circular, sino una mitad encima de la otra) y traza con ellas un signo de cruz ante sí, por encima de la patena (que sostiene con la izquierda y que ha de permanecer inmóvil) sin salirse de los bordes de esta, diciendo al mismo tiempo (en voz baja) Corpus Domini Nostri Jesu Christi etc. sin olvidarse de inclinar la cabeza al pronunciar Jesu.


            A continuación se inclina apoyando los antebrazos (o los codos) sobre el altar, como para la consagración, y comulga la Hostia, manteniendo siempre la patena debajo de esta.        Acto seguido deja la patena sobre los corporales, se incorpora, junta las manos ante la parte inferior del rostro y permanece un momento[4][45] en meditación.


46 -     Después de esta breve pausa el celebrante comienza a recitar (en voz baja) Quid retribuam Domino etc. y al mismo tiempo descubre el cáliz retirando la hijuela, hace genuflexión, toma la patena con la mano derecha y si ve que quedan partículas sobre ella las hace caer sobre el cáliz. A continuación recoge con la patena las partículas que hayan podido quedar sobre el corporal y en seguida, con las yemas de los dedos pulgar e índice de la mano derecha, purifica la patena sobre el cáliz y luego los mismos dedos también sobre el cáliz.





Hecho esto, teniendo siempre juntos el dedo pulgar y el índice, toma con la izquierda la patena sosteniéndola horizontalmente, con la derecha toma el cáliz por debajo del nudo y traza con el mismo un signo de cruz ante sí, mientras dice Sanguis Domini nostri Jesu Christi etc. sin olvidar de inclinar la cabeza a Jesu. Poniendo entonces la patena debajo del mentón, comulga (de una sola vez) todo el Sanguis con la partícula que en él había[5]46, sin echar excesivamente la cabeza hacia atrás y sin aspirar ruidosamente.


Nota: Si debe distribuir la comunión a los fieles:


47 -     Habiendo consumido la Sangre de Cristo, el celebrante deja la patena y el cáliz sobre los corporales, cubriendo este con la hijuela. Acto seguido, con la mano derecha retira la sacra central y la deposita a plano sobre el altar, del lado de la Epístola. Toma la llave y abre el sagrario, hace genuflexión, con la derecha saca el copón y lo coloca sobre los corporales delante del cáliz (donde estuvo la Hostia). Entorna la puerta del Sagrario, descubre el copón quitándole el pabellón y la tapa, hace genuflexión, agarra el copón con la izquierda (pulgar e índice siempre unidos) mientras con la derecha toma una Hostia pequeña entre el pulgar y el índice, sosteniéndola por encima del copón. Hecho lo cual se vuelve por su derecha hacia los fieles y con los ojos fijos en la Hostia dice en voz alta Ecce Agnus Dei etc. A continuación repite tres veces (junto con los fieles) Domine non sum dignus, etc. Evidentemente el celebrante no ha de golpearse el pecho sino que mantiene todo el tiempo la Sagrada Forma por encima del copón.





Acto seguido, acompañado por el ministro[6] [47],, que sostiene el platillo colocándose a su derecha, se dirige al comulgatorio donde distribuye la comunión empezando por el lado de la Epístola hasta el del Evangelio, volviendo a reiterar el mismo recorrido cuantas veces sea necesario y sin hacer genuflexión ni reverencia al pasar por el centro.


Dando la comunión trazará un signo de cruz con la Hostia sobre el copón (sin sobrepasar sus límites) mientras dice Corpus Domini nostri Jesu Christi etc. sin inclinar la cabeza a Jesu. Habiendo terminado de distribuir la comunión, recibe en la mano derecha el platillo que le entrega el ministro y vuelve directamente al centro del altar. Deposita el copón sobre los corporales, hace genuflexión, lo cubre, lo coloca dentro del sagrario, entorna la puerta del mismo, vuelve a hacer genuflexión, echa la llave y la retira de la cerradura colocando después la sacra central en su sitio.


Si el copón se hubiese consagrado durante la Misa se hará todo como ha sido explicado, omitiendo la apertura del Sagrario como es evidente.


Terminada la distribución de la comunión la Misa continúa como de costumbre, con la purificación.


Si no se distribuye la comunión:


48 - Habiendo sumido la Preciosísima Sangre, el celebrante, sin dejar el centro del altar, coloca la mano izquierda (que sostiene la patena) sobre los corporales y con la derecha presenta el cáliz (sosteniéndolo por debajo del nudo y sin sacarlo fuera de los corporales) al ministro[7] [48], el cual se acerca hasta el centro del altar y echa un poco de vino dentro de él. Cuando el ministro haya puesto suficiente cantidad de vino el celebrante levanta un poco el cáliz para dárselo a entender.





Entretanto el celebrante recita en voz baja Quod ore sumpsimus etc. Es conveniente que, una vez puesto el vino en el cáliz, el sacerdote lo mueva en forma circular para que el vino, al pasar por las paredes de la copa, pueda purificar los restos de Sanguis que han podido quedar adheridos a ellas. Acto seguido, poniendo la patena (que sostiene con la izquierda) bajo el mentón, se toma el vino del cáliz, luego deposita la patena sobre los corporales, hacia el lado del Evangelio y el cáliz lo pone en el medio de ellos.


48 - Para presentar el cáliz lo desplaza un poquito hacia el lado de la Epístola y si es necesario (p.ej. debido a la pequena estatura del monaguillo) lo inclina un poquito hacia ése mismo lado para que el acólito llegue con más facilidad a poner el vino dentro. Sin embargo nunca debe sacarlo fuera de los corporales o, menos aún, presentarlo “en el aire” fuera del altar. Si el monaguillo fuese tan pequeno que no alcanze, tome el celebrante mismo la vinajera y, dejando el cáliz sobre los corporales, vierta él mismo el vino.


Seguidamente pone los dedos índice y pulgar de ambas manos (unidos) sobre la boca del cáliz y agarrándolo por la copa con los demás dedos, se desplaza hasta el ángulo de la Epístola, deposita el cáliz sobre el altar y el ministro derrama sobre sus dedos índice y pulgar ( puestos sobre la boca del cáliz) primero un poco de vino y luego un poco de agua. Mientras el agua y el vino caen sobre sus dedos el celebrante los frota suavemente entre sí, diciendo entre tanto (en voz baja) Corpus tuum Domine etc. y prosigue diciendo esta oración en tanto que continúa a ejecutar lo que sigue:


49 - Cuando el ministro a dejado de versar el agua sobre los dedos, toma el purificador y se lo pone sobre los índices y pulgares de ambas manos, que mantiene sobre la boca del cáliz. En  seguida, agarrando el cáliz del mismo modo que antes (con los tres últimos dedos de cada mano agarrando la copa y los demás puestos sobre ella) se desplaza hacia el centro del altar (sin hacer ninguna reverencia a la cruz).


Una vez allí, deposita el cáliz sobre los corporales, toma de nuevo el purificador con la derecha y se seca con él las puntas de los dedos índice y pulgar. A partir de entonces el celebrante ya no conserva unidos los índices con los pulgares.


Toma acto seguido el purificador con la izquierda y con la mano derecha toma el cáliz por el nudo. Coloca entonces el purificador debajo del mentón, dejándolo colgar sobre el dorso de la mano, y consume el contenido del cáliz. Acto seguido deposita el cáliz sobre los corporales, se enjuga los labios con el purificador (que sostiene con las dos manos), tras lo cual lo extiende sobre la copa del cáliz haciéndolo entrar con la mano derecha hasta el fondo de la copa. Agarra entonces el cáliz con la mano izquierda por el nudo (o mejor, por el exterior de la copa) y con la mano derecha metida dentro del cáliz (salvo el dedo pulgar) hace girar el purificador dentro del mismo varias veces, luego lo saca, le da la vuelta y vuelve a repetir la acción, para que la copa quede seca. Si fuese necesario puede inclinar el cáliz para enjugarlo mejor.


50 - A continuación pone el cáliz fuera del corporal (del lado del Evangelio), extiende sobre él el purificador, pone sobre el purificador la cinta de la que cuelga la cucharilla, luego pone encima de todo la patena y sobre ella la palia redonda[8]49. Luego pliega los corporales metiendo la hijuela dentro de ellos, haciendo como sigue:


1° nunca ponga la hijuela en el cuadrado que tocó la Hostia, sino en la doblez o cuadro del medio de los tres que están hacia el lado de la Epístola.


2° Se dobla el tercio que está hacia el sacerdote sobre el tercio del medio.


3° Se dobla el tercio que está hacia las sacras sobre el que estaba hacia el sacerdote.


4° Se dobla sobre el medio la parte en que está la hijuela, y luego, sobre el todo, la que está hacia la parte del Evangelio.


          Una vez plegados los corporales los mete dentro de la bolsa y pone esta sobre el altar.


            Toma entonces el velo (con las dos manos) y cubre con él el cáliz, pone la bolsa de los corporales encima y, amarrando el cáliz por el nudo con la izquierda y poniendo la derecha sobre la bolsa, lo coloca en medio del altar como al principio de la Misa, cuidando de que el pie del cáliz quede totalmente cubierto con la parte delantera del velo.








[1]  42 Por ejemplo: con el índice de la izquierda se oprime el borde izquierdo de la Hostia de manera que el borde derecho se levante un poquito. Entonces se va deslizando la patena por el lado derecho a traves del resquicio que deja la Hostia al levantarse; así hasta que la Hostia quede depositada en el centro de la patena, terminando de acomodarla con el índice de la izquierda.
[2] 43  Por supuesto empleando sólo el índice y el pulgar de dicha mano.
[3] 44 Lo mejor es hacer coincidir el golpe de pecho con la palabra nobis. La mano derecha no ha de reposarse sobre los corporales sino que se mantiene “en el aire” de manera natural, haciéndola ejecutar los tres golpes seguidos.
[4] 45 El tiempo de un Padrenuestro aproximadamente.
[5]  46 Si la partícula se quedase adherida al cáliz, el sacerdote la tomará mas tarde con el vino de la purificación.
[6] 47 Si el ministro desea recibir la comunión se la dará a él primero, estando de rodillas ante el altar y antes de ir al comulgatorio.

[7] 48 Para presentar el cáliz lo desplaza un poquito hacia el lado de la Epístola y si es necesario (p.ej. debido a la pequeña estatura del monaguillo) lo inclina un poquito hacia ése mismo lado para que el acólito llegue con más facilidad a poner el vino dentro. Sin embargo nunca debe sacarlo fuera de los corporales o, menos aún, presentarlo “en el aire” fuera del altar. Si el monaguillo fuese tan pequeño que no alcance, tome el celebrante mismo la vinajera y, dejando el cáliz sobre los corporales, vierta él mismo el vino.
[8] 49 Según la costumbre española. En el resto del mundo lo que se pone sobre la patena es la hijuela.

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