lunes, 21 de noviembre de 2011

MISA TRIDENTINA - LLEGADA DEL SACERDOTE AL ALTAR


C) LLEGADA DEL SACERDOTE AL ALTAR
17 -     Revestido ya el sacerdote de los ornamentos sagrados, toma el bonete con la derecha y se cubre. Luego toma el cáliz (por el nudo) con la mano izquierda, pone la derecha extendida sobre la bolsa de los corporales (cuya apertura ha de mirar hacia el celebrante), y llevándolo a la altura del pecho hace reverencia[1] a la cruz o imagen que presida la sacristía (sin descubrirse), y con paso grave y aspecto modesto se dirige al altar, precedido por el ministro.





No ha de llevar sobre el cáliz pañuelo ni anteojos ni otra cosa alguna. Algunos autores permiten que se lleve sobre el cáliz la llave del sagrario.


Al salir de la sacristía, si hay a la puerta agua bendita, puede tomar y santiguarse. Si la sacristía se encuentra detrás del altar, para ir a él debe salir por la puerta del lado del Evangelio.


Por privilegio del Papa San Pío V se acostumbra en algunas iglesias de España llevar el cáliz al altar antes que salga el sacerdote a decir la Misa rezada. Dado que el sacerdote quisiera hacer uso de este privilegio irá con las manos juntas ante el pecho, los dedos unidos y extendidos, formando una cruz con los pulgares, poniendo el derecho sobre el izquierdo.


18 -     Llegado al altar, estando delante de la ínfima grada se quita el bonete, lo da al ministro, y hecha la genuflexión al Santísimo o inclinación profunda de cuerpo a la cruz, sube al altar y pone el cáliz al lado del Evangelio. Acto seguido toma la bolsa con las dos manos, la pone sobre el altar y sosteniéndola con la mano izquierda saca de ella (con la derecha) los corporales, que deposita (plegados) en medio del altar. A continuación, con una mano coloca la bolsa del lado del Evangelio (poniendo la otra mano extendida sobre el altar), dejándola de pie, apoyada contra el retablo o contra la grada (si la hubiere).





Acto seguido despliega (con las dos manos) los corporales de manera que cubran el centro del altar, sobre el ara. (Si, según se acostumbra en España, la hijuela se encuentra dentro de los corporales, al desplegar éstos se pondrá la hijuela de plano sobre el altar, hacia el lado de la Epístola, no lejos de los corporales).


Después el sacerdote coloca sobre los corporales el cáliz cubierto con el velo tomándolo con la izquierda por el nudo y poniendo la mano derecha encima de él. El cáliz ha de quedar colocado en el centro de los corporales, pero a una distancia del borde del altar que no impida besarlo.


Cuide también el sacerdote que el pie del cáliz quede completamente tapado con la parte anterior del velo. Hecho esto, acercase al lado de la Epístola con la manos unidas ante el pecho, abre el misal por la página del introito de la misa del día, pasa de nuevo al medio del altar (con las manos juntas ante el pecho) y, hecha una inclinación de cabeza a la cruz, volviéndose sobre su derecha, baja (con las manos juntas) ante la ínfima grada del altar para comenzar la Misa.


Nota: Cada vez que el celebrante se desplaza de un lado a otro del altar (sin bajar de él) deberá hacerlo marchando paralelamente al altar. Por ejemplo, para ir del centro al lado de la Epístola, hará como sigue:


1° se vuelve por su derecha hasta quedar mirando al muro del lado Epístola, con el frente del altar a su izquierda, 2° marcha en línea recta hacia el lado de la Epístola con el frente del altar siempre a su izquierda, 3° al llegar al punto deseado (p.ej. ante el Misal) se vuelve por su izquierda y se pone de cara al retablo.


Los desplazamientos en oblicuo deben ser evitados, pues restan dignidad al rito. Tampoco se debe nunca marchar hacia atrás. Si por cualquier motivo el celebrante tiene que volver sobre sus pasos, que lo haga dándose él mismo la vuelta y no andando de espaldas.


No están de acuerdo los autores sobre si esta inclinación ha de ser una inclinación profunda del cuerpo o sólo una inclinación profunda de cabeza.


19 -     Vuelto de cara al altar, hace inclinación profunda de cuerpo a la cruz (o genuflexión[2] si estuviese el Santísimo Sacramento o expuesta la reliquia de la Santa Cruz), y santiguándose con la mano derecha (extendida la izquierda sobre la cintura), comienza en voz clara e inteligible: In nomine Patris, etc.[3]





Para santiguarse ha de proceder así: la mano izquierda se extiende sobre la cintura mientras se eleva la derecha (con los dedos unidos y extendidos y la palma vuelta hacia sí) hasta tocar con la punta de los dedos la frente diciendo In nomine Patris, después la pondrá del mismo modo sobre el pecho diciendo et Filii, a continuación se tocará el hombro izquierdo diciendo et Spiritus, el derecho diciendo sancti, y juntando inmediatamente la mano derecha con la izquierda ante el pecho dirá Amén.


20 -     Permaneciendo con las manos juntas ante el pecho[4] dirá, alternativamente con el acólito (en voz alta), la antífona Introibo ad altare Dei y el salmo Iudica me[5]. Al Gloria Patri inclina la cabeza y al sicut erat in principio la vuelve a alzar. Al versículo Adjutorium nostrum, etc. se vuelve a santiguar[6] 11.





El Confíteor ha de recitarlo con el cuerpo profundamente inclinado, las manos juntas a la altura del pecho. No olvide que a las palabras vobis fratres y vos fratres no debe volverse hacia el ministro pues esta ceremonia se practica sólo en la misa solemne. Al mea culpa dése tres golpes en el pecho con la mano derecha, teniendo la izquierda más abajo del pecho. Quedará profundamente inclinado (las manos unidas ante el pecho) hasta que el ayudante haya dicho todo el Misereatur tui; pero luego que haya respondido Amén se enderezará. Acto seguido el acólito recitará a su vez el Confiteor, terminado el cual el sacerdote (siempre erguido y con las manos juntas ante el pecho) dirá Misereatur tui, etc.


Al decir Indulgentiam etc. el sacerdote se santiguará[7] 12 y luego, medianamente inclinado, proseguirá con las manos juntas ante el pecho diciendo: Deus tu conversus, etc. concluido lo cual, extendiendo y juntando las manos[8]13, dirá con voz clara: Oremus, y continuará en secreto Aufer a nobis, etc. mientras va subiendo las gradas del altar lentamente, de modo que al llegar a él concluya esta oración.


Allí, puesto en medio y algún tanto inclinado, con las manos juntas apoyadas sobre el borde de la mesa de altar de modo que sólo los dedos meniques toquen el frontal, y los pulgares formen una cruz puesto el derecho encima del izquierdo[9]14 proseguirá en secreto: Oramus te, Domine, etc. A las palabras quorum reliquiae hic sunt, besará el altar (en el medio del mismo), teniendo las manos extendidas sobre él, a derecha e izquierda de los corporales, pero fuera de ellos.






[1] No están de acuerdo los autores sobre si esta inclinación ha de ser una inclinación profunda del cuerpo o sólo una inclinación profunda de cabeza.

[2] Esta genuflexión debe hacerse con una sola rodilla sobre la ínfima grada del altar. Recordemos que sólo se hace la genuflexión directamente sobre el suelo (in plano) al llegar por primera vez ante el altar y antes de dejarlo por última vez, al partir hacia la sacristía una vez que la Misa ha terminado.
[3] A partir de este momento no hará el sacerdote interrupción ni genuflexión alguna, aunque alcen la Hostia en otros altares, sino que proseguirá la Misa sin pararse hasta el final.
[4]  Con los dedos unidos y extendidos, formando una cruz con los pulgares poniéndo el derecho sobre el izquierdo. Lo cual observará cada vez que halla de poner las manos juntas ante el pecho, salvo entre la consagración y las abluciones en que mantendrá unidos los dedos índice y pulgar de ambas manos.
[5] La experiencia muestra que a veces (sea porque el ministro responde con voz muy baja, sea porque se confunde o por muchas otras razones) no resulta fácil al celebrante alternar con el acólito y corre el riesgo de confundirse él mismo. Para evitarlo es recomendable que el celebrante retenga en su memoria la palabra JEC. Esta palabra contiene las tres iniciales con que comienzan los versículos que él debe recitar: Judica me, Deus etc, Emite lucem tuam etc, Confitebor tibi in cítara etc.
[6] Con la punta de los dedos de la mano derecha (la izquierda extendida sobre la cintura) se tocará la frente al decir Adjutorium, el pecho al decir nostrum, el hombro izquierdo al decir in nomine, el hombro derecho al decir Domini. Tras lo cual vuelve a unir las manos ante el pecho.
[7] Tocará su frente al decir Indulgentiam, el pecho al decir absolutionem, el hombro izquierdo al decir et remissionem, el hombro derecho al decir peccatorum nostrorum. A continuación junta las manos ante el pecho y prosigue el resto de la fórmula: tribuat nobis etc.
[8] 13 Regla general : al extender las manos no deben estas revasar la anchura de los hombros.
[9] 14 Lo cual se observa siempre que se apoyan las manos juntas sobre el altar, salvo durante el canon de la Misa entre la consagración y las abluciones, cuando el sacerdote ha de mantener unidos el pulgar y el índice de cada mano.

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