sábado, 10 de noviembre de 2012

LAS ACLAMACIONES EN LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA



En la antigüedad las aclamaciones eran los gritos con los cuales las personas, generalmente reunidas en asamblea, manifestaban su aprobación por una cosa o por alguien. En la antigua Roma se llamaba aclamación la ceremonia decretada al general vencedor, y después, la elección del emperador por parte de las tropas, a vivo voz y sin recurso al voto. Este uso permaneció hasta hace poco tiempo, también como forma de elección del Romano Pontífice.


jueves, 8 de noviembre de 2012

LITURGIA: LA BENDICIÓN




La bendición es, en el Antiguo Testamento, una confesión pública de la potencia de Dios y el favor concedido por Dios al hombre. Las cosas, los campos y las propiedades, son bendecidas para que sean un bien para el hombre. La fuente de toda bendición es Dios, aunque el hombre pueda también bendecir. En Cristo “hemos sido bendecidos con toda clase de bendiciones espirituales” (Efesios 1,3) y la Iglesia ha recibido la facultad de bendecir. Por medio de la bendición se consagra a Dios todo aquello que poseemos y hacemos.

martes, 6 de noviembre de 2012

MESSA DEL RINGRAZIAMENTO


 RITO DE INTRODUZIONE

Nel nome del Padre e del Figlio e dello Spirito Santo.
R. Amen.

SALUDO DEL SACERDOTE

Il Signore, che guida i nostri cuori nell’amore e nella pazienza di Cristo, sia con tutti voi.
R. E con il tuo spirito

ATTO PENITENZIAL

Il Signore ha detto: «Chi di voi è senza peccato, scagli la prima pietra». Riconosciamoci tutti peccatori e perdoniamoci a vicenda dal profondo del cuore.

Si fa una breve pausa di silenzio; poi il sacerdote dice le seguenti invocazioni:

Signore, che non sei venuto a condannare, ma a perdonare, abbi pietà di noi.
R. Signore pietà

Cristo, che fai festa per ogni peccatore pentito, abbi pietà di noi.
R. Cristo pietà

Signore, che perdoni molto a chi molto ama, abbi pietà di noi.
R. Signore pietà

Dio omnipotente abbia misericordia di noi, perdoni i nostri peccati e ci conduca alla vita eterna.
R. Amen


martes, 23 de octubre de 2012

CREDO. Cuál ? Cómo?


En relación a la oración del Credo que se realiza durante la celebración eucarística, la Iglesia nos recomienda, por medio de la instrucción Redemptionis Sacramentum de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos que no es permitido que los sacerdotes, o diáconos, o bien fieles laicos, cambian y varían a su propio arbitrio, aquí o allí, los textos de la sagrada Liturgia que ellos pronuncian. Cuando hacen esto, convierten en inestable la celebración de la sagrada Liturgia y no raramente adulteran el sentido auténtico de la Liturgia. En la santa Misa y en otras celebraciones de la sagrada Liturgia no se admita un «Credo» o Profesión de fe que no se encuentre en los libros litúrgicos debidamente aprobados. Porque el contenido del Credo no se puede cambiar, porque es la profesión de fe eclesial.

Cuando se cantan las partes fijas de la Misa (Credo, Gloria, Santo…) se deben respetar los contenidos de los textos, aunque exista un espacio para la variedad y la creatividad. Se debe preferir siempre aquellos cantos, que mantienen el texto del Misal Romano. Por lo general, en la búsqueda de hacer más accesible la liturgia a los fieles, se empobrece el mensaje contenido en los textos litúrgicos, que han alimentado la espiritualidad cristiana de tantas generaciones.

jueves, 20 de septiembre de 2012

EL MISAL

Por la misma exigencia de orden práctico y en el mismo período (finales del siglo X) comienzan a aparecer libros que contienen todos los elementos para la celebración de la eucaristía (oraciones, lecturas, cantos, ordo missae).
 
Se llama a ese libro Missale, o Liber missalis, o Missale plenarium.
 
 
La rapidez de difusión del Misal (con la consiguiente extinción gradual de los sacramentarios) se debe al hecho de la multiplicación de las misas privadas, en que el celebrante decía todo, incluso lo que correspondía a los otros ministros. Esto continuará siendo normal incluso en las celebraciones comunitarias, en las que tales ministros estaban presentes. El Misal es así el libro en que confluyen el Sacramentario, el Leccionario (de Murbach), el antifonario y los primeros Ordines.
 
El más importante es el llamado Missale secundum consuetudinem curiaeque tuvo una gran difusión por haberlo aceptado la orden de los Frailes menores, que prácticamente lo llevaron en todas sus peregrinaciones misioneras. Será el primer Misal impreso, como editio princeps, en Milán el año 1474. 

martes, 18 de septiembre de 2012

EL PONTIFICAL

Con este nom­bre se designa el libro que contiene fórmulas y ritos de las celebraciones reservadas al obispo (pontífice), como la confirmación, las ordenaciones, las consagraciones de iglesias, de vírgenes, la bendición de abades, pero también la coronación de reyes y de emperadores...
El primer libro de este género es el Pontifical Romano-Germánico del siglo X (= PRG). Compuesto hacia el 950 en Maguncia, es un interesante ejemplo de la obra de adaptación de la liturgia romana a los países franco-germánicos. Se presenta como una mina de ritos y de fórmulas, pero también de partes didácticas, como sermones, moniciones, exposiciones de misa, con doscientos cincuenta y ocho títulos de celebraciones diferentes lo. El PRG, llevado a Roma por los Otones, luego fue simplificado y reducido, especialmente a partir de Gregorio VII (1073­1085). Encontramos así algunos pontificales reducibles a un tipo, llamado por el editor Andrieu "el pontifical romano del siglo XII”.

domingo, 16 de septiembre de 2012

LOS ORDINES

Para una celebración litúrgica no bastan los diferentes libros que contienen los textos, sino que se necesita conocer el modo de estructurar el desarrollo de la celebración misma. Los libros mencionados sólo rara vez llevan rúbricas (así llamadas por estar escritas en rojo = ruber). De éstas se encar­gan libros especiales, que se llamarán Ordo (plural, Ordines) u Ordinarium.
El origen de tales libros se debe sobre todo a la necesidad del clero franco, que quiere saber cómo se desarrollan en Roma las diversas celebraciones.
Después de las ediciones parciales de G. Cassander (1558-1561) y M. Hittorp (1568), J. Mabillon-M. Germain (1687-1689), E. Marténe (1700-1702), L. Duchesne (1889), finalmente M. Andrieu publica la edición crítica de todos los Ordines romani hasta ahora conocidos Contra los quince ordices de Mabillon, él distingue cincuenta, divididos en diez secciones, y reducibles a dos familias: (romana pura) y B (romano­franca). Entre ellos los más importantes son el I, que trata de la misa papal en el siglo VIII; el XI, que describe los ritos del catecumenado (aquí los escrutinios se convierten sin más en siete y se trasladan a los días labora­bles), y el L, llamado también Ordo romanus antiquus, que será el núcleo del Pontifical romano-germánico del siglo X.
Para la historia de la liturgia medieval no se subrayará nunca bastante la importancia de tales ordines, junto con las Consuetudines monasticae y los Capitularia (aquí en el sentido de decisiones administrativo­jurídicas, disciplinares de sínodos, concilios particulares, etc.).