lunes, 7 de febrero de 2011

PRINCIPIOS DE UN ARTE ORDENADO A LA LITURGIA


La ausencia total de imágenes no es compatible con la fe en la Encarnación de Dios. En su obrar histórico Dios ha entrado al mundo sensible para que el fuera trasparente a Él. Las imágenes de la belleza, en las que se hace visible el misterio del Dios invisible son parte integrante del culto cristiano. El iconoclasmo no es una opción cristiana.
El arte sacro toma sus contenidos de las imágenes de la historia de la salvación, comenzando por la creación, desde el primer día hasta el octavo: el de la resurrección y del retorno, en el cual la línea de la historia se completa como un círculo. De esta forman parte sobre todas las imágenes de la historia bíblica y la historia de los santos como explicación de la historia de Jesucristo, como el hacerse fecundo a lo largo de todo el curso de la historia de la semilla de grano que, caído en tierra, muere. «Tu no combates solo contra los iconos, tu combates contra los santos», decía San Juan Damasceno. En la misma línea el Papa Gregorio III en estos años introduce en Roma la fiesta de todos los santos.

domingo, 30 de enero de 2011

LA LITURGIA COME DONO

Non è difficile parlare del dono riguardo la liturgia, perché qui entra in gioco il tema della grazia: la categoria del dono è naturale per la liturgia.
Partiamo dal concetto di gratuità: gratuito è ciò che non chiede niente in contraccambio, è ciò che fa “esplodere” l’economia (=compra-vendita). La gratuità è senza ritorno. A partire da questo concetto, il filosofo Derrida dice che il dono è impossibile, o, se si dà, si dà solo come evento di morte: è impossibile dare senza ricevere (si riceve almeno un grazie!), per cui per donare si dovrebbe rimanere anonimi, senza sapere chi ringraziare; tuttavia, non sarebbe sufficiente, perché, anche se si dà in forma anonima, rimane l’autocompiacimento, l’orgoglio di aver dato. Così, il vero dono si dà solo quando il donatore, donando, muore.

viernes, 28 de enero de 2011

LA LITURGIA Y LA ENSEÑANZA DEL DOGMA

La liturgia no sirve solamente para probar la divina tradición de las verdades reveladas, sino que es también la escuela práctica de la más fecunda y eficaz enseñanza dogmática.
El dogma, en efecto, que es como el alma invisible e informa toda la vida interior, queda vulgarizado, hecho más sencillo, fácil, intuitivo, mediante los ritos, las ceremonias y las fórmulas litúrgicas; hace revivir, a través del esplendor de la celebración de los divinos misterios y en el desarrollo anual progresivo de las fiestas eclesiásticas, el drama divino de nuestra redención con todas las circunstancias de lugares y de personas. Si, como está comprobado, la enseñanza resulta mucho más fácil y eficaz por medio de ejemplos, debemos convenir que la liturgia, en toda su múltiple variedad, es el primer catecismo del pueblo, que a través de los sentidos se dirige a sus mentes y a sus corazones.

LOS ALEGORISTAS MEDIEVALES

Los criterios científicos en los que hoy día quiere inspirarse el tratado de la liturgia no se han seguido siempre en los siglos pasados. La Edad Media, que había conseguido el conocimiento histórico del origen de muchos ritos utilizando un método que encontró sus precedentes en los primeros tiempos de la Iglesia, no se contentó con interpretar alegóricamente los libros santos, sino que estudió también la liturgia a la luz del simbolismo y de la interpretación místico-alegórica. Quizá en esto los occidentales fueron influidos por el Oriente, donde los sistemas de mística litúrgica se habían difundido desde principios del siglo VI con los escritos del Pseudo-Dionisio, y después, del patriarca Sofronio de Jerusalén (+ 638) y de San Máximo Confesor (+ 662).
Entendemos por "misticismo litúrgico" una interpretación simbólica o alegórica, extraña a la institución, que se da arbitrariamente a un objeto o a un rito en orden a la edificación de los fieles.

EL SIMBOLISMO SACRAMENTAL

Los primeros y más importantes ritos simbólicos, los de los sacramentos, provienen de Jesús y de los apóstoles. Jesús, siguiendo las tradiciones litúrgicas de la ley mosaica y las necesidades instintivas de la naturaleza humana, quiso vincular la comunicación interior de su gracia humana a signos sensibles, que vinieron a ser, a la vez, sus símbolos reales y eficaces.
El agua, que en el bautismo lava totalmente el cuerpo del neófito, debía designar en la mente de Jesús la limpieza completa del alma, de la culpa y su renacimiento espiritual. El símbolo no era ciertamente nuevo. Es conocido cómo las abluciones paganas y judías tenían un significado análogo y un fin semejante. Con todo esto, Jesús quiso retener aquel símbolo tan expresivo imprimiéndole la impronta de un carácter netamente cristiano. Más tarde hará resaltar San Pablo esta íntima originalidad del bautismo cristiano señalando en el rito litúrgico de la inmersión y de la emersión el símbolo de la muerte y de la resurrección de Jesús, en correspondencia con la renovación interior del hombre, regenerado del pecado a la gracia.

DEL USO DEL SIMBOLISMO MÍSTICO

Como fin práctico, creemos útil añadir algunas reglas sencillas para reconocer el sentido simbólico de las acciones y cosas litúrgicas y utilizarlas rectamente.
1.° La investigación del simbolismo de regla ordinaria debe estar subordinada a la del sentido histórico y literal, es decir, a la razón histórica que ha dado origen a una determinada ceremonia, haciéndola objeto de un detallado estudio científico. Sobre la base de una seria investigación positiva, será tanto más fácil, sobre todo en la enseñanza al pueblo, encontrar aquellos oportunos significados místicos que sirven para nutrir y fomentar su piedad.
2.° Al contrario, cuando un rito muestra claramente, ya desde su institución, una exclusiva razón simbólica, no se debe buscar a toda costa una causa natural. Esto, sin embargo, sucede más raramente, y se puede deducir con facilidad del mismo rito o de las fórmulas y ceremonias que la acompañan.

EL RITO ANTIOQUENO-JEROSOLIMITANO

Las Fuentes.
Las fuentes más antiguas de este rito se remontan hasta los siglos IV-V. Ponemos junto con las que provienen de Antioquía las de Jerusalén, porque se puede sostener que estos dos ritos litúrgicos fueron uniformes.
a) Las catequesis mistagógicas de San Cirilo de Jerusalén (+ 386). Son cinco instrucciones catequísticas dadas por él en el 347 a los neobautizandos durante la semana de Pascua, con el fin de iniciarlos en los misterios de los sacramentos. Tratan del bautismo (1-2), de la confirmación (3) y de la eucaristía (4-5). Esta última es muy importante, porque el santo Doctor explica en ella las ceremonias de la misa, comenzando por el lavatorio de las manos hasta el fin.
b) La Peregrinatio ad loca sancta. Contiene la relación de un viaje a Palestina realizado hacia el 417-419 por una monja española, Eteria, y descrito ingenuamente por ella misma a sus compañeras religiosas. Es un interesantísimo cuadro de toda la liturgia entonces en uso en Jerusalén para los oficios de los días feriales, de las misas dominicales y de las grandes fiestas del año (Navidad, Epifanía, Purificación, Samana Santa, Pascua, Pentecostés, Dedicación). Por desgracia, la autora no da más que unos cuantos trazos sobre la misa propiamente dicha.