Poco a poco se va centrando la importancia casi
exclusivamente sobre el acontecimiento en sí. Las amplias paredes de las
iglesias del s. XIV vienen a ser como grandiosas páginas ilustradas que narran
los hechos más destacados de la historia de la salvación. Se recupera así, por
distinto procedimiento, el uso de las basílicas paleocristianas, en las que el
arte, particularmente el mosaico, había decorado los muros del templo celestial
y evocaba las imágenes de la historia de la salvación que la celebración de los
divinos misterios volvía a hacer presente para que los viviera el pueblo de
Dios.
La Igleisa necesita de santos, lo sabemos, y ella necesita también de artistas hábiles y capaces; los unos y los otros, santos y artistas, son testimonio del espíritu que vive en Cristo (Pablo VI Carta a los miembros de la Comisión Diocesana de Arte Sacra. 4 de junio de 1967).
jueves, 8 de marzo de 2012
miércoles, 7 de marzo de 2012
LA GAMA DE LAS DISTINTAS ARTES 1/2
El arte penetra la liturgia en todas sus
manifestaciones, explicitando el rico contenido semántico de la misma. Sus
expresiones —como el mimo, el gesto, la coreografía— liberan el rito de la
banalidad de la acción común, confiriéndole hieraticidad y un justo tono impersonal,
de modo que pueda decirse acción de todos y puedan todos comunitariamente
reflejarse en él.
Lo atestigua así la misma historia, que, a través de
las artes gráficas y plásticas, nos transmite la gran elocuencia de ciertos
gestos cultuales, repetidos a lo largo de los siglos con devota reverencia,
hasta llegar a sacralizarlos. El más antiguo es el gesto del orante: éste aparece
recto y en pie, con los brazos ligeramente extendidos y doblados hasta elevar
las manos con las palmas abiertas a la altura de los hombros. El gesto de la mano
extendida hacia la ofrenda en el momento en que los sacerdotes concelebrantes
de la eucaristía pronuncian las palabras de la institución viene igualmente
atestiguado por el arte; constituye un gesto similar al denominado bendiciente
del Cristo Pantocrátor y al del ángel que anuncia la resurrección de Jesús
en el arte románico y prerrománico.
martes, 6 de marzo de 2012
ARTE – PROBLEMA ACTUAL
La renovación promovida por el Vat. II, al afectar en
una gran medida a la liturgia, ha tenido que enfrentarse, consiguientemente,
con el problema artístico, no como realidad autónoma, sino como parte de la
estructura sobre la que descansa el signo litúrgico mismo.
El problema era tanto más grave cuanto que el arte, en
sus manifestaciones más destacadas, se hallaba en crisis. La muerte del
arte, preconizada por Hegel, parecía pronta a ser celebrada por los mismos
artistas.
lunes, 5 de marzo de 2012
DEL S. IV AL MEDIEVO – ARQUITECTURA SACRA
La alianza de la iglesia con el poder secular y el
creciente proselitismo plantean problemas cuantitativos y cualitativos, para
cuya solución se pasó de la domus ecclesiae a la experimentación de
salas tomadas de la basílica forense o de los ambientes representativos del palacio
imperial. La inicial indiferencia frente a la fijeza del lugar y sus signos
simbólicos se transforma, por parte de la autoridad eclesiástica, en una
exaltada aspiración a erigir edificios como testimonio de la presencia de
Cristo en la tierra, como señales de una pedagogía religiosa orientada a conquistar
los nuevos pueblos con los que la cristiandad entra en contacto después de la
caída del imperio romano.
LOS SÍMBOLOS DE LA PASIÓN
La cruz fue, en la época de Jesús, el instrumento de muerte más humillante. Por eso, la imagen del Cristo crucificado se convierte en "escándalo para los judíos y locura para los paganos" (1 Cor 1,23). Debió pasar mucho tiempo para que los cristianos se identificaran con ese símbolo y lo asumieran como instrumento de salvación, entronizado en los templos y presidiendo las casas y habitaciones sólo, pendiendo del cuello como expresión de fe.
Esto lo demuestran las pinturas
catacumbales de los primeros siglos, donde los cristianos, perseguidos por su
fe, representaron a Cristo como el Buen Pastor por el cual "no temeré ningún mal"
(Sal 22,4); o bien hacen referencia a la resurrección en imágenes bíblicas como
Jonás saliendo del pez después de tres días; o bien ilustran los sacramentos
del Bautismo y la Eucaristía, anticipo y alimento de vida eterna. La cruz
aparece sólo velada, en los cortes de los panes eucarísticos o en el ancla
invertida.
domingo, 4 de marzo de 2012
DEL MEDIEVO AL RENACIMIENTO – ARQUITECTURA SACRA
Con su hegemonía en la producción arquitectónica y con
su carga de símbolos generalmente reconocibles, el modelo arquitectónico longitudinal-procesional
constituye una garantía para la transmisión de una espiritualidad que sólo en
casos excepcionales es expresión de la liturgia comunitaria.
La participación en la liturgia romana permanece viva
todavía hasta el comienzo de la edad media; pero ya a partir del s. vil se
multiplican las oraciones privadas, se reduce la comunión sacramental, aumentan
las prácticas de piedad ascético-morales con las nacientes devociones a la
Madre de Dios, a los santos y sucesivamente a la Santísima Trinidad.
EL FUEGO DE LA VIGILIA PASCUAL
Desde siempre, la luz existe en estrecha
relación con la oscuridad: en la historia personal o social, una época sombría
va seguida de una época luminosa; en la naturaleza es de las oscuridades de la
tierra de donde brota a la luz la nueva planta, así como a la noche le sucede
el día.
La luz también se asocia al
conocimiento, al tomar conciencia de algo nuevo, frente a la oscuridad de la
ignorancia. Y porque sin luz no podríamos vivir, la luz, desde siempre, pero
sobre todo en las Escrituras, simboliza la vida, la salvación, que es Él mismo
(Sal 27,1; Is 60, 19-20).
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