La Igleisa necesita de santos, lo sabemos, y ella necesita también de artistas hábiles y capaces; los unos y los otros, santos y artistas, son testimonio del espíritu que vive en Cristo (Pablo VI Carta a los miembros de la Comisión Diocesana de Arte Sacra. 4 de junio de 1967).
domingo, 12 de febrero de 2012
sábado, 11 de febrero de 2012
PRONUNCIAMIENTOS DEL MAGISTERIO ECLESIÁSTICO – LA LITURGIA DE LAS HORAS, FACTOR DE SANTIFICACIÓN
El valor de la LH se mide en último término por
su aportación en orden a la elevación espiritual de los hombres, es decir, a su
santificación. Pues bien, esta contribución es muy alta.
El Vat. II afirma explícitamente que la liturgia es la
fuente primera e indispensable del espíritu cristiano, y que posee la máxima
eficacia para la santificación de los hombres y la glorificación de Dios (SC
7; 10; 14). Expresiones semejantes se leen en los documentos del más alto
magisterio relativas a la LH: "La santificación humana y el culto a
Dios se dan en la liturgia de las Horas de forma tal que se establece aquella
especie de correspondencia o diálogo entre Dios y los hombres, en que Dios
habla a su pueblo... y el pueblo responde a Dios con el canto y la oración. Los
que participan en la liturgia de las Horas pueden hallar una fuente abundantísima
de santificación en la palabra de Dios, que tiene aquí principal importancia"
(OGLH 14).
EL LIRIO COMO SÍMBOLO CRISTIANO
Origen del nombre e historia
El nombre del lirio tiene un origen preclásico; de hecho, deriva del nombre
griego leirion y del romano, lilium.
Sentimientos
& simbolismo
En el simbolismo cristiano, el lirio representa la pureza, la castidad
y la inocencia. Los bouquets de lirios
blancos son muy populares en los hogares cristianos durante la Pascua, ya que
simbolizan la resurrección de Cristo.
Dice una leyenda que el lirio brotó de las lágrimas de Eva
cuando ésta, luego de ser expulsada del Edén, descubrió que estaba embarazada.
Otro relato folclórico dice que los lirios
nacen por sí solos, sin que los plante ninguna mano humana, en la tumba de las
personas ejecutadas por delitos que no cometieron. Algunos creen que plantar lirios en un jardín lo protege de
fantasmas y malos espíritus.
viernes, 10 de febrero de 2012
SANTIFICACIÓN CÓSMICA
La LH, en cuanto oración esencialmente horaria,
consagra todo el tiempo (SC 84; 88; OGLH 10). Pero ¿qué son el
tiempo y las horas sino las realidades cósmicas en su duración, en el sucederse
imperceptible de los instantes fugitivos de su existencia y de su curso, a los
que el hombre, con criterios diversos, trata de imponer una medida? El tiempo
no tiene una sustancia: según Aristóteles y santo Tomás, es la medida de ese
devenir cósmico según un antes y un después que afecta a toda criatura, y al
que sólo el eterno se sustrae. Por eso la LH santifica el mundo en su
despliegue.
EL ÁRBOL DE JESÉ
El árbol de Jesé es la
representación simbólica de la genealogía de Cristo a partir de la figura de
Jesé, padre del rey David. El origen de este tema es un fragmento del libro de
Isaías (2, 1-3): "Saldrá un brote del tronco de Isaí y una flor nacerá de
sus raíces". El tronco de Isaías no es otra cosa que el árbol de Jesé.
Isaí es la forma hebrea y Jesé la transcripción griega de la versión bíblica de
los Setenta. La preferencia por la forma Jesé es por evitar la confusión entre
Isaí, padre de David, y el profeta Isaías, su homónimo.
Este motivo se encuentra ya a
fines del siglo XI en una miniatura del Evangeliario de Vysehrad, en Praga, y
vuelve a hallarse en numerosos manuscritos litúrgicos alemanes. Del campo de
las miniaturas pasa a la escultura monumental, a las vidrieras y a la pintura.
Es posible que el tema naciera en Oriente.
Jesé está siempre representado
con los rasgos de un anciano de barba blanca. Casi siempre está acostado, en
actitud de meditación o durmiendo, pero también existen ejemplos en los que
está sentado o en pie. En esta variedad hay que tener en cuenta la forma del
soporte, que en algunos casos es marcadamente vertical.
El árbol sale de su corazón,
de su cintura, de su cabeza o de su boca. Este árbol puede tomar forma de
rosal, vid, lirio, aunque lo más frecuente es que se trate de un árbol frutal.
El número de antepasados de Cristo
escalonados sobre las ramas es variable. Existen ejemplos de dos en adelante,
aunque lo más frecuente es doce. Casi siempre emergen de corolas de flores y
señalan con el dedo a Cristo, que aparece en la cima del árbol.
Al principio, quien siempre
ocupaba la cima del árbol era Cristo en Majestad, aureolado con siete palomas
místicas representativas de los dones del Espíritu Santo. A partir del siglo
XIII, con el auge del culto a la Virgen, María sustituye a su Hijo en la cima
del árbol y Jesús se convierte en un niño en los brazos de la Virgen. Esta
exaltación de la Virgen está estrechamente relacionada con la doctrina de la
Inmaculada Concepción. El árbol de Jesé se convierte en uno de los símbolos
predilectos de la Inmaculada Concepción.
Un tema tan fecundo como éste
desapareció a fines del siglo XVI. Sobrevivió algo más de tiempo en las
pinturas sobre vidrio, pero la estética del Renacimiento no podía conciliar con
un tema tan arcaico, más cerca de la heráldica que de la pintura religiosa.
Fuente: Iconografía del arte
cristiano, de Louis Réau.
LA COMUNIÓN
El Señor nos dirige una invitación
urgente a recibirle en el sacramento de la Eucaristía: "En verdad, en
verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su
sangre, no tendréis vida en vosotros" (Jn 6,53).
Para responder a esta invitación,
debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. San Pablo
exhorta a un examen de conciencia: "Quien coma el pan o beba el cáliz del
Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese,
pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y
bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo" ( 1 Co
11,27-29). Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el
sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.
SANTO E’ IL TEMPIO DI DIO CHE SIETE VOI
Il luogo nel quale si riunisce la comunità cristiana
per ascoltare la parola di Dio, per innalzare a Dio preghiere d'intercessione e
di lode e soprattutto per celebrare i santi misteri e anche per custodire il
santissimo sacramento dell'eucaristia, è immagine speciale della Chiesa, tempio
di Dio, edificato con pietre viventi.
Il tempio fatto di pietre è infatti segno e strumento
della nostra comunione con Cristo Signore, tempio vero e perfetto della
nuova alleanza, e della nostra appartenenza alla Chiesa, essa stessa tempio di
Dio, tempio edificato con pietre vive, nel quale viene adorato il Padre in
Spirito e verità (Gv 4,23).
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