jueves, 6 de enero de 2011

FIGURA

El griego typos y el latín figura son utilizados por los teólogos para designar los simbolismos más originales que se descubren en el lenguaje de la Biblia: las prefiguraciones. Los libros sagrados emplean con el mismo objeto otros varios términos que expresaban ideas conexas: antitypos (réplica de typos), hypodeigma (ejemplo y, de ahí, imagen anunciadora, reproducción anticipada), paradeigma (ejemplo), parabolé (símbolo), skia (sombra), mimema (imitación). Por su sentido general todos estos términos tienen afinidad con imagen (eik in), modelo (typos: 1Tes 1,7); pero las más de las veces comportan un matiz particular que los acerca a tipo/ figura.
AT. El lenguaje del AT, como todo lenguaje religioso, recurre frecuentemente al simbolismo sin detenerse en definir su naturaleza y sus fuentes. Pero fácilmente se pueden identificar las concepciones fundamentales de donde deriva su uso de los símbolos; esto es lo único que nos interesa aquí.

FUEGO

Desde la elección de Abraham el signo del fuego resplandece en la historia de las relaciones de Dios con su pueblo (Gén 15,17). Esta revelación bíblica no tiene la menor relación con las filosofías de la naturaleza o con las religiones que divinizan el fuego. Sin duda Israel comparte con todos los pueblos antiguos la teoría de los cuatro elementos; pero, en su religión, el fuego tiene sólo valor de signo, que hay que superar para hallar a Dios. En efecto, cuando Yahveh se manifiesta «en forma de fuego», ocurre esto siempre en el transcurso de un diálogo personal; por oura parte, este fuego no es el único símbolo que sirve para traducir la esencia de la divinidad: o bien se halla asociado con símbolos contrarios, como el soplo o hálito, el agua o el viento, o bien se transforma en *luz.

EUCARISTÍA

I. SENTIDOS DE LA PALABRA.

1. Acción de gracias y bendición.

Eucaristía significa de suyo reconocimiento, gratitud ; de ahí, acción de gracias. Este sentido, el más ordinario en el griego profano, se halla igualmente en la Biblia griega, particularmente en las relaciones humanas (Sab 18,2; 2Mac 2,27; 12,31; Act 24,3; Rom 16,4). Para con Dios, la *acción de gracias (2Mac 1,11; lTes 3,9; lCor 1,14; Col 1,12) adopta de ordinario la forma de una oración (Sab 16,28; lTes 5,17s; 2Cor 1,11; Col 3,17; etc.), por ejemplo, al principio de las cartas paulinas (p,e., lTes 1,2). Entonces converge naturalmente con la *bendición que celebra las «maravillas» de Dios, pues estas maravillas se expresan para el hombre en beneficios que dan a la *alabanza un matiz de reconocimiento; en estas condiciones la acción de gracias va acompañada de una anamnesis por la que la *memoria evoca el pasado (Jdt 8,25s; Ap 11,17s), y el eukharistein equivale al eulogein (lCor 14,16ss). Esta eulogía-eucaristía se halla particular-mente en las comidas judías, cuyas bendiciones alaban y dan gracias a Dios por los alimentos que ha dado a los hombres. Pablo habla en este sentido de comer con «eucaristía» (Rom 14,6; lCor 10,30; lTim 4,3s).

LA CRUZ

Jesús murió crucificado. La cruz, que fue el instrumento de la redención, ha venido a ser, juntamente con la *muerte, el *sufrimiento, la *sangre, uno de los términos esenciales que sirven para evocar nuestra salvación. No es una ignominia, sino un título de gloria, primero para Cristo, luego para los cristianos.

 



CUERPO DE CRISTO

Según el NT, el cuerpo de Cristo desempeña una función capital en el misterio de la redención. Pero la expresión reviste diferentes sentidos: unas veces designa el cuerpo individual de Jesús, otras su cuerpo eucarístico, otras el cuerpo del que nosotros somos miembros y que es la Iglesia.

I. EL CUERPO INDIVIDUAL DE JESÚS.

1. Jesús en su vida corporal.

Jesús compartió nuestra vida corporal : este hecho básico aparece en todas las páginas del NT. Según la carne, dice Pablo, desciende de los patriarcas y de la posteridad de David (Rom 1,3; 9,5); nació de una mujer (Gá'l 4,4). En los evangelios se impone por todas partes la realidad de su naturaleza humana, sin que sea necesario mencionar explícitamente su cuerpo: está sujeto al *hambre (Mt 4,2 p), a la fatiga (Jn 4,6), a la sed (4,7), al *sueño (Mt 4,38), al *sufrimiento... Para insistir en estas mis-mas realidades, Juan habla más bien de la *carne de Jesús (cf. Jn 1,14), fulminando el anatema contra los que niegan a «Jesús venido en carne» (1Jn 4,2; 2Jn 7).

EL BAUTISMO EN LA SAGRADA ESCRITURA

El nombre de «bautismo» deriva del verbo baptein/baptizein, que significa «sumergir, lavar». El bautismo es, pues, una inmersión o una ablución. El simbolismo del *agua como signo de purificación y de vida es tan frecuente en la historia de las religiones que no puede sorprender su existencia en los misterios paganos. Pero las semejanzas con el sacramento cristiano son puramente exteriores y no afectan a las realidades profundas. Las analogías se han de buscar primero en el AT, en las creencias judías y en el bautismo de Juan.
1. AT Y JUDAÍSMO. 1. El papel purificador del agua es muy marcado en el AT. Aparece en diversos acontecimientos de la historia sagrada, que en lo sucesivo serán mirados como prefiguraciones del bautismo: por ejemplo, el *diluvio (cf. lPe 3,20s), o el paso del *mar Rojo (cf. lCor 10,1s). En numerosos casos de impureza impone la ley abluciones rituales que *purifican y capacitan para el culto (Núm 19,2-10; Dt 23, 10s). Los profetas anuncian una efusión de agua purificadora del pecado (Zac 13,1). Ezequiel asocia esta lustración escatológica con el don del Espíritu de Dios (Ez 36,24-28; cf. Sal 51,9.12s).

EL AGUA EN LA SAGRADA ESCRITURA

El agua es, en primer lugar, fuente y poder de vida: sin ella no es
la tierra más que un desierto *árido, país del hambre y de la sed, en
el que hombres y animales están destinados a la muerte. Sin
embargo, hay también aguas de *muerte: la inundación devastadora
que trastorna la tierra y absorbe a los vivientes. Finalmente, el culto,
trasponiendo un uso de la vida doméstica, se sirve de las abluciones
de agua para *purificar a las personas y a las cosas de las manchas
contraídas a lo largo de los contactos cotidianos. Asi el agua,
alternativamente vivificadora o temible, pero siempre purificadora,
está íntimamente unida con la vida humana y con la historia del
pueblo de
la Alianza.