domingo, 15 de enero de 2012

EL OFICIO EN LAS IGLESIAS ORIENTALES

Al ser imposible bosquejar en pocas líneas la evolución histórica del oficio divino en los ocho ritos orientales y en las numerosas iglesias que los siguen, baste aquí una alusión al número de las horas y a algunos de sus componentes.
El Horologion, el libro litúrgico del oficio bizantino, tiene estas horas: medianoche (mesonyktikón), maitines (órthros), prima, tercia, sexta, nona, vísperas (esperínon o lychnikon), completas (apódeipnon = después de la cena). En los días alitúrgicos de cuaresma se añade, después de sexta, el oficio de los lypica, que ocupa el puesto de la misa. En las llamadas cuaresmas de navidad y de los santos apóstoles, las horas diurnas tienen un oficio intermediario llamado mesórion. El rito armenio tiene además la hora pacífica entre vísperas y completas.


En cambio, son siete las horas en el oficio antioqueno, maronita (sin la prima), copto y etiópico (sin completas), y cuatro en el caldeo y malabar: hora vespertina, matutina, nocturna y completas. Tercia y sexta se celebran los días feriales de cuaresma, y las completas a menudo se trasladan o se unen a las vísperas. Falta por completo nona en el rito genuino.
En los ritos orientales, el oficio es la oración más importante de la iglesia, y está organizada fundamentalmente, al menos según las tradiciones antiguas, tomando como base los salmos. Sin embargo, con el paso del tiempo, éstos han sufrido en algunos ritos desvalorizaciones más o menos fuertes en la práctica celebrativa.
Por ejemplo, en el rito antioqueno los han sustituido casi por completo los himnos. En el bizantino permanece el salterio semanal; y en cuaresma, dos veces por semana, dividido en veinte káthismos (grupos de cuatro a quince salmos, según la longitud) o en otros grupos, como el hexasalmo de maitines. Sin embargo, fuera de los monasterios se advierten reducciones a veces radicales o se encomienda su ejecución a un lector que los recita rápidamente.
Por el contrario, se privilegian mucho las composiciones poéticas eclesiásticas más o menos largas y ritmadas según el acento tónico y llamadas genéricamente troparios.
Cuando los troparios están reunidos en serie, se llaman cánones. Célebre en este género hímnico es el akáthistos, que forma un oficio particular y está también vivo en la devoción popular, aproximadamente como nuestro rosario. Consta de un kontákion (estrofa inicial) y veinticuatro estrofas (ikos).
El oficio bizantino contiene diversas especies de fórmulas eucológicas de origen eclesiástico: colectas, oraciones sacerdotales dichas en voz baja tal vez mientras el solista recita los salmos, letanías de formas diferentes (sinapté, ekténia, áitésis). Añádase: el trisagio, el símbolo nicenoconstantinopolitano, el padrenuestro, los stichéros (especie de troparios insertos en los versículos finales de los salmos de vísperas y de maitines), los apósíichos (troparios y versículos salmodíeos) y otras fórmulas.
Se concede un espacio no muy amplio a las lecturas bíblicas, y figuran también, en las fiestas de los santos, lecturas hagiográficas contenidas en el synaxario.
Entre las ceremonias señalamos la procesión (lité), las bendiciones de personas y de cosas: pan, vino, aceite, trigo (artoklasma), las incensaciones, las señales de la cruz y las metanías (inclinaciones y postraciones).

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